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sábado, 31 de octubre de 2020

Días de transición...

de brujas... de ángeles... de santos...de muertos... de dar gracias... de otoño!

 

Justo este año que, por causa de la pandemia, en muchos lugares no se festejará el Halloween y no habrá desfiles ni chicos pidiendo dulces (quizá disfraces y cuentos de espantos en familia, degustando golosinas...) justo ahora traigo a mi memoria lo que significan el otoño y Halloween para mi.

Y no recuerdo haber pedido dulces las noches de Halloween. Es mas, no recuerdo que en mi niñez "eso" se festejara.

En un pueblo de fuertes raíces católicas, situado a orillas del rio Magdalena y ubicado en una zona donde solo se tienen veranos muy cálidos e inviernos muy lluviosos, hasta hace veinticinco o treinta años no se conocía esa celebración.

Allá, como en el resto del país, se celebraba el "Dia de los Angelitos" el día después de la noche de Halloween: el 1° de noviembre, los niños disfrazados de ángeles salían a pedir dulces de casa en casa.

Ya viviendo en la ciudad y siendo todavía niña, tampoco se celebraba. Fue con el correr del tiempo, el impulso que tomaron los viajes al exterior y la expansión de los sistemas de comunicación que, con timidez, se empezó a hablar de esa interesante "fiesta pagana" que celebraban en otros países en los que sí sucedían las cuatro estaciones y los otoños eran fríos y de oscuros tonos de naranja, marrón y ocre.

Y empezamos los jóvenes de la época a reunirnos cada "noche de brujas" para salir a bailar y divertirnos vestidos de negro y con maquillajes de fantasía. Y cuando tuvimos hijos, volvimos tradición que temprano en la noche, ellos salieran disfrazados a pedir dulces para mas tarde los padres irnos de parranda. Y esta fue la rutina durante muchos años. 


Entonces hace unos 6 u 8 años, la iglesia empezó una campaña en contra de la celebración del Halloween y a favor de la fiesta de "los angelitos". Como resultado se redujo drásticamente el número de niños que pedían dulces la noche de brujas, sobre todo en los estratos medio y bajo. Una lástima, porque tampoco se fortaleció la fiesta de "los angelitos".

Pero entre la gente que viaja con frecuencia al exterior la celebración sigue en todo su apogeo, la tradición de los dulces continúa y ahora las fachadas de las casas se engalanan con la decoración a tono. Los últimos años, gracias al espíritu festivo de la gente de la ciudad donde vivo, se fue modificando la forma de celebrar y se ha hecho costumbre que los adultos que llevan a sus niños salgan a hacer el recorrido acompañados de grupos de millo tan comunes en el Carnaval. Ellos adaptan las rimas de Halloween a los ritmos propios de esta región del país. Ahora es una gran fiesta, casi carnavalera, que disfrutan tanto los niños que se disfrazan y piden, como los que los acompañan, los que los ven pasar y los que están listos para repartir sus dulces...

Y del otoño ni hablemos... Octubre y Noviembre, en la ciudad que habito, son meses de tenues brisas, grandes nubarrones, tormentas eléctricas y lluvias intensas pero cortas. El clima entre lluvia y lluvia es caluroso y los días a veces son grises [lo cual es una exageración sabiendo que estamos situados en el trópico]. Entonces, ¿De dónde diablos salió esa fascinación mía por el otoño y sus celebraciones?

En esta época en mi casa prima la paleta de otoño y también hay velas con olor a calabazas dulces y toques de Halloween en uno o dos rincones. Cuando empieza noviembre se juntan el día de Angelitos y de Todos los Santos (Dia de los Muertos) para honrar a los que se han ido y cuando está por acabar el mes organizo una cena con toda la familia para dar gracias por todo lo bueno que hemos tenido durante lo corrido del año. Y entonces sí: me pongo en "modo Navidad" y empiezo a escuchar mis playlists navideñas mientras preparo el cambio de decoración.

Disfruto esta temporada como si el otoño fuera aquí una estación con todas sus características: uso paraguas los días lluviosos, me pongo medias tobilleras gruesas cuando siento frío, me encanta ver llover, encuentro atractivos los paisajes de hojas y árboles casi secos, disfruto leer y ver películas de miedo y prefiero leer un libro con una bebida caliente al lado. Si. Me encanta todo lo relacionado con el otoño y sus festejos: Halloween que aporta el sentido festivo, días de Angelitos y de Todos los Santos que aportan el sentido solemne y la Cena de Acción de Gracias que aporta el cierre en familia de unos meses de transición hacia la Navidad...

"Como arrastra el viento aquellas hojas, como llueve hoy, como está la calle de vacía..." Canción de Otoño
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viernes, 3 de noviembre de 2017

¿Por qué tanto empeño en olvidar?


"Hay quienes olvidan sin decir adiós y quienes dicen adiós sin olvidar". Ni sé a quien pertenece la frase pero me hizo pensar en lo que significa olvido y en cómo manejarlo para salir airoso a pesar de los recuerdos del pasado con todos sus ingredientes agradables y desagradables.

¿Por qué a veces tenemos ese afán de olvidar todo y a todos?

¿Acaso los buenos momentos vividos no refuerzan nuestra sensación de pertenencia y de que fuimos amados?

¿Acaso no se puede recordar con cariño a las personas y situaciones que una vez nos hicieron sentir alegría y felicidad sólo porque ya no se tienen mas o porque están asociados a tortuosos rompimientos?

¿Acaso no debemos dejar que la mente y el corazón se encarguen de organizar, catalogar y elegir qué se queda y qué se va?

¿Acaso hacer un gran esfuerzo para olvidar no es la mejor manera de recordar?

Una actitud desligada del ansia de olvidar hace que se disfrute plenamente el diario vivir y que poco a poco se vayan desplazando las cosas del pasado a ese lugar al que sólo se accede cuando un estímulo visual, olfativo, táctil o auditivo lo dispara. Y ahí nos damos cuenta que ya no se recuerda a diario...

Entonces, ¿por qué tanto empeño en olvidar?
Deja que el tiempo pase y ya veremos lo que trae... El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
Tal vez sea mejor limpiar la casa emocional de rencores y resentimientos y liberar el corazón de enojos y tristezas para mirar con objetividad y gratitud todo lo bueno que se tuvo y empezar a abrirnos a nuevas experiencias que den paso a nuevos recuerdos...







sábado, 1 de octubre de 2016

IMÁGENES...

"Fotografiar es convertir en recuerdos historias a las que muy pocos prestan atención" 
Que frase mas acertada. Ni siquiera recuerdo donde la leí. Pero cuan expresiva es. Otorga a la fotografía la capacidad para hacernos regresar en el tiempo y  formar nuevamente parte de ese instante de la historia que, de otra manera, se perdería.

La fotografía es el uso de la cámara para capturar lugares, rostros, objetos, etc. Mas que eso, fotografiar es congelar un momento, una emoción, un gozo, un "mood", un deseo, un sueño. Fotografiar es congelar un instante de la vida en un disparo.

Cada foto que tomo cuenta algo de mi y de mi estado de ánimo . Por eso la variedad de fotos. Porque los estados de ánimo son muchos y cada uno puede ser captado a través del lente. Mis tomas solo recogen instantes íntimos. No las quiero mejores de lo que son porque son ellas las que me van a devolver a ese lugar específico y momento exacto de la vida que ya pasó, haciéndome sentir lo mismo que sentí al tomarlas; a ese momento que siempre tendré mientras la fotografía exista.

Es como si, ante la foto, pudiera volver a amar y casi tocar  esas pequeñas cosas, cuando ya no están. Acaso no hay mejor cura para la mala memoria que una buena fotografía?

No me gusta usar filtros ni muchas herramientas para modificar y hacer mas bella la imagen . Solo un recorte aquí y otro allá para enmarcarla. Creo que las imágenes, sean retratos o paisajes, demasiado perfectas nos alejan de la realidad y su crudeza. Otra cosa es la fotografía publicitaria en la que aprecio mucho la manera de presentar rostros y sitios de ensueño. Ese sí es trabajo para el fotógrafo profesional: hacer de una toma común algo casi perfecto!

Considero que una cámara de excelente calidad puede hacer mas fácil la captura de ese instante pero no cambiará la esencia de lo que mi mente quiere guardar.  Por eso, no busco una cámara profesional carísima ni un software para componer la imagen. Por eso, aunque me parecen lindas las imágenes perfectas, las mías las prefiero con mínimos retoques.

En la actualidad es muy fácil y apetecido tomar fotos de todo y de todos: parece que ya no participamos completamente de los acontecimientos porque una parte nuestra está pendiente de registrar lo que esta pasando para compartirlo enseguida. Aunque a muchas personas esto les resulta un poco abrumador, a mi me parece casi fantástico que se pueda plasmar con tanta facilidad lo que pasa en la vida de las personas.

Lo mejor de las fotos es que no cambian nunca aun cuando las personas y las cosas en ellas ya hayan cambiado.  Por eso las fotos que mas atesoro son las que muestran que en ese instante las personas en ellas están alegres, entusiasmadas, felices!

Las fotografías, como las cartas -ahora en desuso-, son como pedazos de otro tiempo en la vida del que las toma y se vuelven cosas inoportunas en las manos de otros. Para mi, las fotos personales le pertenecen a cada uno y deben morir con uno; que nadie sienta que debe guardarlas eternamente porque fueron nuestros tesoros: acabarían siendo una carga muy pesada!

Cada foto cuenta una historia. Revisar las fotos tomadas por alguien puede mostrarnos una parte de su vida, de lo que ama y de lo que no quiere perder. Porque con ellas se está tratando de abrazar un lugar, un rostro, una emoción: para tenerla por siempre y nunca olvidarla aunque ya no esté.

El peligro que se corre es que cada quien interprete de una manera diferente esa historia cuando falta la versión del tomador. Pero ¿que le vamos a hacer? Mirar con atención los momentos captados en fotos en sesiones no profesionales es una forma de reconocer y dar crédito a ese mundo siempre escondido de lo que nos llama la atención y de lo que se admira cuando nadie nos ve...



sábado, 12 de marzo de 2016

El escondido encanto de leer recuerdos...

Que raro se siente cuando leemos nuevamente lo que años atrás escribimos y descubrimos que nuestro modo de ver las cosas ha cambiado y que ese mensaje ya no es el que te llega completamente aunque pueda llegarle a muchos más.

Confirmamos así que lo que nos mueve un día puede cambiar a través del tiempo: de forma imperceptible, con la interiorización de nuevos conocimientos, o de un tajo, con el acontecer de grandes sucesos, traumáticos o alegres.

Esto no significa que estuviéramos errados en lo que dijimos sino que se describió lo que nuestro corazón y nuestra mente vieron en ese momento de la vida. Es como si se hubiera tomado una fotografía de un paisaje mental o de una situación específica: la imagen de esa foto será siempre la misma aunque el paisaje cambie.



Mientras escribes tienes oportunidad de modificar muchas veces el borrador, de ajustarlo y convertir tu historia en una mejor o mas cercana a los cambios que van sucediendo. Una vez publicas solo queda abordar los nuevos enfoques en nuevos escritos.

Y cuanta emoción cuando cada palabra escrita en el pasado es exactamente el reflejo de lo que se piensa, desea y quiere ahora! 

Escribir nos muestra el poder del pensamiento para, a través de las palabras, sacar lo que se tiene adentro. De la mente. Del alma. Del corazón...

Escribir te da poder sobre ti mismo, porque logras organizar todo lo que recogen tus sentidos, todas las impresiones que te formas sobre los acontecimientos diarios, tus emociones, tus gustos y tus deseos. Y entonces lo exteriorizas para compartirlo con otros o simplemente para ir colocando en archivos escritos lo que normalmente archivas solo en tu mente.

Escribir desinhibe. Libera. Serena. Porque desnudas tus pensamientos más íntimos, sean sencillos o profundos, sean acerca de ti, de otros o de tu entorno. También te permite soltar eso que se va acumulando en tu corazón, que muchas veces pesa y que no deja casi espacio para entrar y organizar la casa mental.


Los pensamientos sobre lo visto y lo vivido no deben volverse una carga pesada para la memoria sino servir como fuente de información y de disfrute cuando el presente nos permita mirar hacia atrás. 

Y que mejor forma que dejarlos plasmados en un escrito?


sábado, 10 de octubre de 2015

ALZHEIMER, una mirada desde mi ejercicio como Fisioterapeuta


Una de las condiciones mas dramáticas en la vida de alguien es el Mal de Alzheimer. No importa cual de las personas de tu vida lo sufra. El drama, la carga emocional y la constante incertidumbre del qué ocurrirá mañana serán devastadores de la cordura, de la paz interior y de la confianza en el porvenir. Para todos. Para el que sabe que lo empieza a sufrir y para las personas que lo rodean.

El mal de Alzheimer es el gran ladrón de los sueños, de las esperanzas, de las expectativas y de la mente. Ya lo vivido no le pertenece mas a quien lo padece: los demás dejamos de hacer parte de su vida y él poco a poco deja de participar en las nuestras. Solo están ahí.

Antes eran protagonistas en la historia de su propia vida y a su alrededor giraban los actores secundarios. Cuando el Alzheimer llega empiezan a ver como otros van ocupando los puestos principales del reparto, luego se convierten por un tiempo en espectadores de lo que pasa a su alrededor y luego dejan de estar en la obra y se pierde la capacidad para actuar, para participar, incluso para entenderla. Un cuerpo ocupando un espacio físico. Nada mas.

Tratar con personas con Mal de Alzheimer es muy difícil para los familiares y amigos porque implica inicialmente controvertir todo lo que dice el paciente -que todavía no es propiamente un paciente- intentando hacerle entender que está errado y que sus recuerdos no corresponden a la realidad. Agotada esta etapa se inicia el doloroso proceso de aceptar todo y "seguirle la corriente" para que esté tranquilo. Es en este momento cuando la ubicación temporal y espacial se desdibujan y las personas queridas y conocidas de mucho tiempo atrás ocupan casi todo el lugar de los recuerdos y no dejan penetrar el reconocimiento de los que están a su alrededor.

Familiares y amigos empiezan a sentir que ya no son bien recibidos, ni reconocidos en la dimensión que siempre lo fueron. Ya no son mas sus adeptos, sus compañeros de "ires y venires", sus confidentes o sus cómplices.

El ahora del paciente es poco a poco invadido y dominado por la vida pasada que cada vez se acerca mas a la infancia, y las personas de esa época feliz vuelven a estar vivas, y esa casa que se habitó con tanta alegría y cariño es ahora la casa a donde siempre quiere volver.

La preocupación principal para familiares y cercanos es la agitación interior que produce en ese ser amado el no poder volver a estar físicamente en ese momento de su vida, rodeado de quienes le prodigaron tanto amor y dedicación. 

Esta es la difícil etapa en la que el paciente se vuelve intolerante, agresivo, violento, atemorizado y grosero cuando no logra hacer lo que le pide su mente. Nadie sabe como tratarlo para que no se haga daño a sí mismo o a otros, como tranquilizarlo y como hacerle entender que la mente está distorsionando la información y la realidad misma.

Ahora resulta mas fácil proporcionarle la atención y los cuidados que necesita a personas desconocidas que a sus allegados . Y es que esas personas ajenas al entorno del paciente tienen una herramienta adicional muy valiosa para tratar de darle sentido a esa vida, ahora diferente y fragmentada, que está transitando el paciente: la falta del vínculo emocional y del apego que muchas veces impide una aproximación objetiva, cuidadosamente planeada del día a día de un paciente con Alzheimer.

Para el familiar, el cuidador poco a poco se convierte en parte del entorno y de la familia, el ancla que mantendrá ese barco el mayor tiempo posible en el sitio habitual para que la pérdida de los recuerdos, de la identidad y de la independencia se ralentice.

Para el cuidador, la vida pasada del paciente es como un rompecabezas siempre incompleto, que poco a poco se va armando con las datos que proporcionan familiares y amigos, cada uno desde su propia perspectiva. Siempre tratando de encontrar pistas que muestren el cariño, el valor y la importancia que tuvo en la vida de esas otras personas.

Aunque todos los aspectos de la vida del paciente son útiles para el cuidador, lo mas importante es indagar acerca de los quehaceres, gustos, afinidades y costumbres ya que esto se puede utilizar para captar su atención, generar empatía y conseguir su cooperación y participación en las actividades básicas cotidianas.

Fotos de familiares y amigos, música predilecta, canciones que cantaba, libros que leyó, comidas que le gustaban, programas de radio y televisión preferidos, viajes que realizó, trabajos que desempeñó, lugares donde vivió... Todos estos datos pueden a veces lograr una conexión mas personalizada y humana con los cuidadores, que no limite a éstos al simple papel de proveedor de drogas, de rutinas de cuidado de salud, de ejercicios de habla y de movilidad y de actividades ocupacionales.

Porque aunque éstas sean las principales tareas de los cuidadores, lograr despertar sensaciones de pertenencia, de alegría y reconocimiento en el paciente facilita un toque de serenidad emocional que puede ser aprovechada para interactuar con él.


En el futuro no muy lejano, los pacientes con este mal serán los adultos jóvenes de hoy, siempre apoyados en la tecnología, activos en una o varias redes sociales lo cual aportará una información importante para el cuidador acerca de sus preferencias e intereses, de sus logros y sus  estados de animo.

Pero en este momento en el que escribo, las personas que lo padecen son mayores cuya juventud y adultez transcurrió sin la influencia de la tecnología. De allí la importancia de reunir el mayor número de piezas a través de los ojos de sus seres queridos, amigos y conocidos.

Sería muy reconfortante para las personas con este mal tener acceso todos los días a lecturas de sus temas preferidos -cuando ya no pueda leer que le lean-, a música de su gusto -si ya no la puede cantar que la escuche-, a manualidades que hacía, a golosinas que le gustaban... su tiempo con los cuidadores tendría un toque mas personal y significativo para ellas. Proveerle distracción, alegría y satisfacción en su propia realidad en lugar de limitar la interacción a obligarla a reubicarse en un AHORA que para ella no existe mas...


En el ejercicio de mi profesión he atendido muchos pacientes con el mal de Alzheimer. Cada caso es distinto al otro. Cada uno en una etapa diferente de la enfermedad. Con la práctica se aprende a reconocer los signos y síntomas comunes a todos. Uno, sobre todos los demás, es un aviso de que la mente está en otra parte: la mirada. Cuando el paciente está en las primeras etapas del Alzheimer y todavía interactúa con quienes le rodean, te puede mirar directamente a los ojos y la mirada parece que estuviera fija en algo mas allá de ti. Cuando veo esa mirada en personas que recién conozco siento un estremecimiento porque el en fondo sé que ya hay un desajuste en su mente.

Tuve una paciente en las ultimas etapas del Alzheimer ya sin la capacidad para moverse, hablar y alimentarse. Pero hasta sus últimos días de vida podía cantar  varias canciones muy viejas cuando eran entonadas por quien la acompañaba. Que gran sensación saber que por unos minutos estaba en contacto con un aspecto grato de su vida pasada! Yo me aprendí esas canciones sólo para cantárselas y verla contenta mientras la atendía... Todavía cuando escucho alguna de ellas, la recuerdo con cariño y alegría.


Algo muy importante que la mayoría de las veces  no es claramente captado por los familiares es la irremediable pérdida de todo el bagaje tan valioso de recuerdos, tradiciones, herencias y demás, que solo pueden ser transmitidos de generación en generación y que enriquecen la vida familiar.

Para suavizar este aspecto del Alzheimer o de la demencia senil, sería ideal darle al adulto mayor validez y recopilar a través de la charla familiar los recuerdos que pocas veces son expresados por falta de tiempo o de interés de las personas mas jóvenes. De igual forma es útil crear sistemas de archivos de estas memorias pasadas y prodigar el respeto cariñoso por la vida que que este ser tuvo. 

Así, cuando esa persona tenga lagunas mentales de cualquier tipo, se le habrá dado durante su vejez el acompañamiento cariñoso que hará que la familia se sienta menos triste al haber actuado con coherencia y también hará que enfrente estos problemas de una forma menos traumática y mas sencilla para ambos: paciente y familia.



viernes, 27 de febrero de 2015

Los hogares disfuncionales


Mi hogar, el de mis padres, el de mis abuelos, el de mis hermanos, el de mis sobrinos.  El de muchos de mis amigos.  Los hogares que conozco de cerca. Todos con cierto grado de disfuncionalidad. Unos mas que otros... 

Los comportamientos repetidos se vuelven, con el tiempo, patrones o modelos a seguir por quienes están expuestos a ellos continuamente. Así es como los hijos aprenden a ver como natural y normal conductas reprobables que minan el buen funcionar de un hogar. Y así es también como fallan los filtros para elegir las parejas con mejores cualidades para formar nuevos hogares estables y comprometidos con el sano crecimiento de la familia. 

Las mentiras blancas, la deslealtad, las repetidas infidelidades, la falta de disciplina, la falta de responsabilidad, la tibieza en la defensa de los valores personales, familiares y sociales, la poca participación como miembro de un grupo y otros aspectos menos llamativos, pero no por ello menos relevantes, son los items que van mostrando un camino lleno de grietas que tarde o temprano hacen colapsar la construcción.  

¿Cuánto demora la pasión por la pareja y con qué tipo de amor mas sosegado se puede remplazar éste sin que quede un vacío? ¿Quien toma la decisión de aminorar el ritmo pasional para ir ocupándose en el crecimiento de las bases financieras y de los hijos?  ¿Se puede pasar a una relación bien educada y equilibrada de amigos queridos para enfrentar el acompañamiento mutuo en la vejez de una forma positiva? Para los hogares ya disfuncionales estas son preguntas que nunca serán respondidas y que levantan una nostalgia por esa incapacidad que se tuvo para crear cimientos fuertes y estables.

Los hogares que funcionan bien se distinguen por el respeto que se muestran unos a otros, por la serenidad y franqueza con que se asumen los problemas, por la disciplina férrea que facilita el libre albedrío y por la estrecha relación que guardan entre si todos sus miembros.  

Entonces cuando veo esas familias donde todos  están bien adaptados y felices me pregunto: cómo fue que hicieron para construirlo? ¿Cómo hacen para mantenerlo? ¿Hay herramientas efectivas para lograr reorganizar las cosas una vez se detectan los primeros problemas? O algún tipo de "software" que se pueda instalar para corregir lo errado, recuperar lo que todavía sirve, limpiar lo sucio, borrar lo innecesario y, si es caso, resetear para comenzar de nuevo con nuevos bríos? Esta sería la solución perfecta porque así nos ahorraríamos el esfuerzo, el tiempo invertido y los sinsabores que se viven durante la construcción de toda gran empresa.

Sin embargo,  a pesar de los grados de disfuncionalidad de cada hogar, lo que los hace sobrellevables es la cantidad de momentos de alegrías, sorpresas, generosidad, picardía y desinterés presentes en todas las relaciones familiares, sin importar si el hogar como tal se desintegró o sobrevivió a duras penas a los cambios y a los problemas que tarde o temprano todos enfrentamos.

Benditos los hogares que con orgullo y regocijo muestran la inalterable paz que habita en los corazones sanos. Pero también benditos todos los que tenemos un lugar que llamamos hogar y un grupo de personas al que llamamos familia.


jueves, 21 de noviembre de 2013

De los amantes y otros amores...

Lo dice Jonathan Carroll: "la mejor parte de tener una aventura es que cada vez que se encuentran tu amante está siempre recién bañado y oliendo maravilloso, encantado de verte, ansioso por abrazarte y escuchar de tu día o de lo que quieras hablarle. Para ellos, el perfume que has usado toda tu vida es delicioso, tus historias son nuevas y tus puntos de vista frescos y convincentes. Sus ojos se iluminan cuando te ven y se preguntan donde has estado todos estos años. El problema, por supuesto, es cuánto tiempo demora la aventura. Cuánto tiempo transcurre antes de que "lo nuevo" quede desgastado por el tiempo y la vida misma..."

Porque se deja de querer y uno ni se da cuenta. El lapso que dura la aventura tu vida se ilumina, se vuelve interesante, eres importante para alguien y abrazas muchas otras de tus empresas con renovada pasión. El día que termina, debes empezar la limpieza de la casa sentimental: dar gracias por lo que se tuvo y que siempre hará parte de tu intimidad y abrirte a caminar, sin vacilar, otros caminos. No puedes borrar lo que tus ojos han visto y tu corazón conoce -lo leí en un tweet-, pero ahora puedes enfrentar tu presente con la satisfacción de saber lo que un toque de pasión y un toque de locura hicieron con ese momento de tu vida.

Eres valiente si eres el que se enamoró y lo terminó cuando se apagó. Pero también tienes suerte si te tocó amar y ser separado después.  Nada ni nadie nos quita lo vivido. Las convenciones sociales son las que nos llevan a alimentar una relación cambiando el amor apasionado de amantes por el amor desinteresado de familia o por el amor calmado de dos personas que se acompañan en el camino.
Amar apasionadamente es una fuerza arrolladora que nos hace sentir vivos y completos y que moldea nuestro corazón para recibir y dar con mas profundidad otros tipos de amor. Aún el amor pausado y sereno de la vejez...